Estimo que varias de esas observaciones y objeciones tienen fundamento (…). Y, por lo mismo, va a haber cambios. Tiene que haberlos”.

Hernán Burdiles

Presidente de la Comisión Nacional

de Acreditación

El modelo propuesto pone un énfasis excesivo en el control, por sobre una concepción de fomento y mejora continua. Los estándares son rígidos y no del todo pertinentes”.

Juan Manuel Zolezzi

Vicepresidente del Consejo de Rectores

“¡Una verdadera pesadilla kafkiana!”. Así ilustró hace pocos días el académico José Joaquín Brunner el escenario que podrían enfrentar los planteles con los nuevos criterios y estándares que la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) propone. La inquietud está en mente y en boca de rectores y expertos, que ven riesgos de que se burocraticen los procesos y se atente contra la diversidad del sistema.

Aunque es transversal la valoración de que el tema aún no esté zanjado y se esté consultando a las instituciones, también lo es la preocupación. El vicepresidente del Consejo de Rectores, Juan Manuel Zolezzi, asegura que “preocupa la ausencia (o la poca claridad) de un modelo de calidad a la base, que oriente y articule la definición de criterios y estándares”. Como consecuencia de esto, añade, se pondría énfasis excesivo en el control, con parámetros rígidos y complejos de comprender: “Así, no existe ninguna consideración a los contextos particulares y/o énfasis misionales de cada universidad”.

El rector de la U. de Chile, Ennio Vivaldi, cree que la propuesta es exhaustiva, pero que “el nivel de detalle resulta en un documento excesivamente extenso que puede amenazar la posibilidad de llegar a una evaluación integral que mantenga una visión del conjunto de la institución”. Convendría, en su opinión, “considerar la pertinencia regional y la especificidad de las universidades estatales”.

La directora ejecutiva de Acción Educar, Magdalena Vergara, sostiene que lo planteado por la CNA “pasa a llevar de manera relevante tanto la autonomía como la diversidad del sistema”. Los abundantes criterios cuantitativos, que llegan al detalle de, por ejemplo, establecer cifras específicas de titulación oportuna o académicos que integren los claustros, poco ayudarían a recoger esto según la abogada.

A juicio de Zolezzi, urge avanzar hacia un marco que “respete la identidad y diversidad de las instituciones” y de sus programas. Ignacio Sánchez, rector de la UC, complementa que es relevante “recoger amplias opiniones y evaluar cambios a esta propuesta”, con el foco puesto en valorar la variedad del sistema, “evitar la burocracia innecesaria y estimular la innovación”.

Diego Durán, su par de la UC del Maule y presidente del G9, coincide en hacer ajustes para no caer en una “sobreabundancia de criterios y estándares (…) que terminen asemejando una institución a otra”.

Un proceso en marcha

El proceso está establecido en la Ley de Educación Superior, que también aborda aspectos de la calidad y acreditación. La CNA lleva cerca de dos años trabajando en los nuevos criterios y estándares, período en que se ha convocado a expertos, se han hecho talleres y consultas, la más reciente en octubre. Incluyó a instituciones y público general, y tuvo más de mil respuestas.

Fuentes del proceso indican que en algunos comisionados de mayor trayectoria académica se podría haber dado un sesgo hacia una exhaustividad excesiva o una interpretación muy restrictiva de la ley. Otros apuntan, en tanto, a que al descartarse borradores hechos con comités consultivos y generar nuevos documentos, también pudo dificultarse consensuar ciertas ideas.

Ante las inquietudes que han surgido, el presidente de la CNA, Hernán Burdiles, considera que “varias de esas observaciones y objeciones tienen fundamento. Por lo tanto, tengo que hacer ver ese aspecto; nuestros comisionados lo están observando también, y por lo mismo, va a haber cambios”. El proceso, anticipa, contempla recoger, sistematizar y revisar las propuestas del sistema, por lo que podría extenderse a los inicios de 2021.

Burdiles afirma que también ve la diversidad como un valor clave —de hecho, así se explicitó en los talleres de trabajo en torno a la propuesta— y señala que “lo último que esta comisión quisiera es que el sistema de acreditación se transforme en un proceso por el cual tengo un check list”.

Los comentarios están siendo considerados, asegura, y añade que esto marca también un cambio en “la actitud o la imagen que tenía la CNA frente a las instituciones, que era de distancia, de actuar en un rol medio policial, fiscalizador, cuando en rigor ese rol hoy día ya no le corresponde más a ella”.

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Presidente El ingeniero y académico Hernán Burdiles.

Comisionados Participan Jaime Alcalde, Álvaro Ossa y Fabián Jaksic, designados por el Ejecutivo, Corfo y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, respectivamente. También están Bernabé Rivas, Daniela Torre, Érika Castillo, José Guillermo Leay, Paulo Solari y Sergio Bravo, cuyos nombramientos pasaron por el Senado. Dos representantes estudiantiles y el secretario ejecutivo, Renato Bartet, completan el equipo.

Trayectoria Los comisionados tienen extensas carreras ligadas al mundo académico. Rivas, por ejemplo, fue vicerrector de la U. de Concepción. Jaksic fue Premio Nacional de Ciencias Naturales en 2018.

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Había un motivo de fuerza mayor, frente al que no quedaba otra opción que adaptarse. Básicamente en eso consiste el concepto de “irresistibilidad” impuesta por la emergencia sanitaria, que tuvo en mente la Superintendencia de Educación Superior en marzo, cuando orientó a los planteles a mantener su servicio educativo, aunque usando plataformas virtuales.

Pero hoy el escenario es otro en varias regiones. En ese contexto, el organismo envió ayer una circular a todos los rectores, en que se refiere al retorno gradual, flexible y con resguardos, a las actividades presenciales.

El documento indica que “resulta necesario recordar que, en caso de atenuarse o desaparecer las circunstancias constitutivas del caso fortuito o fuerza mayor que exigió a las instituciones cumplir sus obligaciones de forma equivalente a las originalmente convenidas, corresponde que éstas comiencen gradualmente a reanudar la prestación de los servicios educacionales en los términos pactados con sus estudiantes”.

Además, el texto señala que “es responsabilidad de cada institución (...) en atención a su realidad particular, planificar e implementar las medidas conducentes a normalizar la prestación del servicio educativo en caso de ser ello posible, priorizando aquellas actividades que por su naturaleza deban realizarse de forma presencial”, como talleres y laboratorios, con resguardos sanitarios que podrán ser fiscalizados. Deben planificar tomando en cuenta también, dice la circular, que las comunas podrían cambiar o retroceder de fase.

El superintendente Jorge Avilés dice que normalizar el servicio implica avanzar en “actividades en que la presencialidad constituye un elemento central en la formación del estudiante, tales como prácticas, talleres, laboratorios y actividades finales de titulación”.

¿Qué pasa si un plantel no avanza en esta línea? “En caso de disminuirse o desaparecer las condiciones que impiden la presencialidad sin que las casas de estudio comiencen a adoptar medidas para normalizar sus servicios, podríamos estar en presencia de un incumplimiento a los términos establecidos en los respectivos contratos, lo que puede dar origen a procedimientos sancionatorios por parte de esta superintendencia y judiciales”, advierte.

Planes y proyecciones

Hasta el viernes, 74 instituciones tenían algún grado de presencialidad o planeaban avanzar en ella, según la Subsecretaría de Educación Superior (ver infografía).

En la U. de Chile, por ejemplo, se ha autorizado a algunas unidades académicas a retomar ciertas actividades presenciales, de forma excepcional y bajo estrictos protocolos. Así, el plantel se encuentra en un proceso mixto y flexible, con un fuerte componente remoto y en que se sigue brindando apoyo a quienes tengan dificultades de conectividad.

Algunos planteles ya tienen algunas proyecciones para 2021. En la U. de Talca, el rector Álvaro Rojas anticipa “un sistema mixto entre clases presenciales y remotas” y enfatiza que “el rebrote que está viviendo el hemisferio norte, debiera ocurrir en el otoño nuestro, es decir, en abril. Debemos ser muy cautelosos y responsables”. Una visión similar tiene su par de la U. Central, Santiago González: “Les daríamos prioridad a los laboratorios, a la simulación clínica, a todo lo que son trabajos en terreno y mantendríamos todo lo teórico vía online”.

Las universidades de La Frontera, Mayor, de Santiago, Católica del Maule y de Concepción también se inclinan por un sistema mixto. Se suma el rector de la U. Andrés Bello, Julio Castro, quien refuerza que “lo importante es lograr que nuestros estudiantes alcancen los aprendizajes”.

Mixto

Varios planteles proyectan un primer semestre de 2021 híbrido, con lo presencial solo cuando sea imprescindible.

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