La nueva etapa de las relaciones entre China y EE.UU., con acusaciones cruzadas y conflictos abiertos en múltiples frentes, llegó para quedarse, incluso aunque haya un cambio en la Casa Blanca tras las elecciones de noviembre. Mientras el Presidente Donald Trump, impulsor en gran medida de las tensiones, sube la apuesta en su confrontación con Beijing, el demócrata Joe Biden promete también una política dura hacia ese país, aunque varía en las estrategias. Y ambos candidatos acusan al otro de ser blando ante la segunda economía del mundo, en una campaña donde las ideas para contrarrestar a la ascendente potencia toman protagonismo.

Al término de un mandato que tensó como nunca las relaciones con Beijing, con una guerra arancelaria para denunciar una supuesta competencia desleal, con restricciones a tecnológicas chinas por considerar que hay riegos de seguridad y sanciones a funcionarios, Trump suma en esta campaña más promesas a su política hacia ese país. “Vamos a poner fin a nuestra dependencia de China”, se ha fijado como meta para cuatro años más. “No quiero que construyan un ejército como el que están construyendo en este momento y además están usando nuestro dinero”, dijo recientemente sobre la potencia que bajo el Presidente Xi Jinping ha aumentado su influencia en el escenario global.

El republicano además ha insistido en responsabilizar al régimen comunista por el coronavirus. Y en el corazón de su discurso también está una crítica a su rival: “China sería dueña de nuestro país si Joe Biden fuera elegido”, lanzó en la convención republicana en agosto, donde recordó que cuando era vicepresidente de Barack Obama, su contendor “aplaudió el ascenso de China como un desarrollo positivo para el mundo”.

El giro de Biden

Pero la postura del demócrata es distinta a la que tuvo como vicepresidente y senador, una época respecto a la cual la posición global de China también ha cambiado. Biden ha llamado a Xi “matón” y el programa de su partido dice que “los demócratas tomarán medidas agresivas contra China o cualquier otro país que intente socavar la producción estadounidense”.

Esa retórica evidencia que el conflicto con Beijing está instalado como un asunto bipartidista. “El enfoque de EE.UU. hacia China no volvería a ser el mismo de antes de que Trump asumiera. De hecho, la política sobre China ya se estaba volviendo más cautelosa y escéptica en el período 2014-16”, dice James Mann, experto en China de la Universidad Johns Hopkins.

Sin embargo, la competencia ha dejado claro que la forma de continuar ese conflicto no será necesariamente la misma.

Trump, un escéptico del multilateralismo, ha librado sus disputas con China con un enfoque unilateral, con medidas como el cierre del consulado en Houston en julio y la retirada de Washington de la Organización Mundial de la Salud por la supuesta condescendencia del organismo con China.

Biden, en una columna en Foreign Affairs, mostró otra perspectiva: “La forma más efectiva de enfrentar ese desafío es construir un frente unido de aliados y socios de EE.UU. para enfrentar los comportamientos abusivos y las violaciones de derechos humanos de China, incluso mientras buscamos cooperar con Beijing en temas en los que convergen nuestros intereses, como el cambio climático, la no proliferación y la seguridad sanitaria mundial”.

Un enfoque así es el que Obama mostró en sus últimos años. En materia de comercio, impulsó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, hoy TPP-11) para que EE.UU. fijara las reglas del intercambio en la zona. El pacto excluía a Beijing, pero fue dejado por Trump por su escepticismo sobre el libre comercio.

Es difícil que Biden pueda volver a ese acuerdo por las presiones del ala izquierda de su partido, pero puede explorar otras vías. Los opositores han criticado que la estrategia arancelaria de Trump no ha logrado un cambio de las prácticas chinas y solo ha reducido el déficit comercial de forma marginal. De todas formas, Biden no ha confirmado si retirará los aranceles.

Otro asunto en el que Biden podría apostar por el multilateralismo es en la seguridad regional, tal como Obama lo intentó articulando a la Asean frente a las reclamaciones territoriales de China en el Mar del Sur.

En otras áreas no parece haber tanto espacio para diferencias. Los demócratas ven igual que Trump a Huawei y la red social TikTok como vías para el espionaje chino. Y también son críticos por la situación de DD.HH. en Xinjiang y las violaciones a la autonomía de Hong Kong.

“La administración Trump ha identificado muchos problemas legítimos en la relación entre EE.UU. y China, pero ha visto el castigo y el ruido de sables como la mejor solución (...) Creo que una administración de Biden intentaría cambiar a un modo de resolución de problemas”, dice Paul Haenle, exdirector para China del Consejo de Seguridad Nacional en las administraciones de George W. Bush y Obama.

Candidato de Beijing

Como parte de la campaña, los candidatos se acusan mutuamente de ser el favorito de China. William Evanina, funcionario de inteligencia de EE.UU. que supervisa la seguridad de las elecciones, dijo en agosto que China prefería que Trump perdiera debido a la “imprevisibilidad” de un Presidente que mezcla amenazas con mensajes en los que afirma que él y Xi se “aman”.

En esa línea, el diario estatal chino Global Times afirmó que Biden es “más suave”. “Si Trump es reelegido, la verdadera pregunta es si tiene un incentivo para intentar suavizar las cosas”, dice Haenle, hoy director del Carnegie-Tsinghua Center.

En China también hay una lectura que dice que el enfoque de “America primero” de Trump abre espacio a Beijing en el mundo. Por eso, según The Washington Post, muchos chinos llaman a Trump “Chuan Jianguo”, “El constructor de naciones”. De hecho, en este período Xi ha impuesto su ley de seguridad de Hong Kong, y ha logrado mejorar el alcance de su iniciativa de infraestructura la Franja y la Ruta incluso en Europa Occidental.

“Creo que (Biden) será más duro donde realmente importa: firmar acuerdos comerciales y reconstruir relaciones diplomáticas y militares con socios en Asia, pero buscará reducir la posibilidad de enfrentamiento militar directo”, asegura Joshua Eisenman, experto en las relaciones de China y EE.UU. de la Universidad de Notre Dame.

Según el Centro de Investigaciones Pew, el 66% de los estadounidenses tiene una visión desfavorable de China, casi 20 puntos más que en 2017. Así, a casi medio siglo de que Richard Nixon se transformara en el primer Presidente de EE.UU. en viajar a la China comunista, la política sobre esa potencia es hoy medular en Washington.

Estudio de Pew

El 66% de los estadounidenses tiene una visión desfavorable respecto de China.

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El fallecimiento, el viernes, de la jueza de la Corte Suprema, Ruth Bader Ginsburg, un ícono liberal en EE.UU., abrió ayer una nueva batalla política, a menos de dos meses de las elecciones. Mientras el Presidente Donald Trump defendió nominar rápidamente a un reemplazante, lo cual fortalecería la mayoría de magistrados conservadores en el tribunal, los demócratas llamaron a postergar esa decisión hasta después de los comicios.

Trump aseguró que planea designar a un nuevo juez o jueza “sin demoras”, ya que es su “obligación”. “Es la decisión más importante” por la que se elige a un Presidente, tuiteó.

Esos dichos llegaron luego de que el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, asegurara que “el candidato del Presidente Trump recibirá una votación en el pleno” de la Cámara Alta, la instancia que debe confirmar al nominado a la Corte Suprema de un Presidente, cuando hay una vacante en el tribunal. La opinión de McConnell es distinta a la que dio en 2016, mientras gobernaba el demócrata Barack Obama. Entonces afirmó que el Senado no debería votar por un candidato a la corte en período de campaña.

Por su parte, el candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden, aseguró en Twitter que “los votantes debiesen elegir al Presidente y el Presidente debiese elegir al juez o jueza a ser considerado”. A esa opinión se sumaron varios dirigentes opositores.

La muerte de Ginsburg dejó a Trump con la posibilidad de nominar un tercer juez supremo, un puesto vitalicio, y dejar a la corte con seis jueces de tendencia conservadora contra tres de tendencias liberales. En ello no debería tener mayores obstáculos: en el Senado los republicanos tienen 53 de los 100 escaños.

“El tema de la Corte Suprema será ahora muy importante”, de cara a las elecciones, dijo a “El Mercurio” Ilya Shapiro, experto en asuntos de la Corte Suprema del Cato Institute. Según el analista, “las nominaciones judiciales históricamente han favorecido a los republicanos, por lo que esto podría impulsar las posibilidades de reelección de Trump”.

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Por segundo día consecutivo, China envió aviones de guerra hacia Taiwán, durante una visita a esa isla del subsecretario de Estado estadounidense, Keith Krach.

La presencia del funcionario ha provocado una fuerte reprobación por parte de China, que el viernes envió dos bombarderos y 16 cazas a invadir la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán, según The Associated Press. Ayer, Beijing envió otros 19 aviones de guerra, dos de los cuales eran bombarderos, según el Ministerio de Defensa de Taiwán.

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El jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán amenazó ayer con perseguir a todos los que participaron en el asesinato del destacado general Qassem Soleimani, en un ataque con un dron de EE.UU. en enero en Irak.

“¡Señor (Donald) Trump! Nuestra venganza por el martirio de nuestro gran general es obvia, seria y real”, dijo el general Hossein Salami en referencia al Presidente estadounidense, según fue citado por el sitio web de la Guardia, de acuerdo con The Associated Press.

Trump, que ha redoblado la presión económica sobre Irán con sanciones, advirtió esta semana que Washington responderá con dureza a cualquier agresión iraní.

“Si nos golpean de alguna forma, de cualquier forma, las instrucciones escritas ya están listas y vamos a golpearlos 1.000 veces más fuerte”, tuiteó el Presidente estadounidense.

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9.000

refugiados

acoge ya el campamento en la isla griega de Lesbos, creado tras el incendio que arrasó con el campo de Moria, y dejó sin techo a miles de personas.

Un problema de la instalación es que hasta ahora se han detectado 213 casos positivos de coronavirus, que han sido trasladados a una zona especial del campamento, y puestos en cuarentena.

Según medios locales, las personas, en su mayoría son familias jóvenes y menores, han sido registradas y se ha iniciado el proceso para examinar solicitudes de asilo.

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El gobierno de EE.UU. anunció ayer que retrasará durante una semana la aplicación de medidas contra la red social china TikTok, que iban a entrar en vigor hoy, después de que el Presidente Donald Trump aprobara un acuerdo preliminar para que la aplicación, acusada de ser un riesgo de seguridad, pueda operar en el país.

La prohibición de la descarga de TikTok se retrasó hasta el 27 de septiembre, señaló el Departamento de Comercio. Trump anunció horas antes que había dado “su bendición” a un acuerdo con TikTok, por el que la red social se asociaría con las compañías estadounidenses Oracle y Walmart. El viernes, Washington había anunciado que bloquearía las descargas de TikTok y de la red china de mensajería WeChat desde hoy.

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