Uno de los principales problemas asociados al párkinson es que no existe una estrategia definida para prevenirlo, ni tampoco medicamentos que ayuden a frenarlo o curarlo.

Pero ¿qué pasaría si la dieta tuviera un rol en la prevención? Es lo que buscaron descubrir investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.), quienes hicieron un estudio que fue publicado ayer en la revista Neurology.

El grupo descubrió que llevar una dieta saludable en la mediana edad, específicamente un tipo de dieta mediterránea, se asocia con un menor riesgo de presentar síntomas que preceden al párkinson.

“Desde hace algunos años, se sabe que hay un conjunto de síntomas que son predictores del párkinson, es decir, que son un conjunto de manifestaciones que aumentan muchísimo el riesgo de tenerlo”, explica Carlos Juri, neurólogo especialista en trastornos del movimiento de la Red de Salud UC Christus.

Según los autores del estudio, algunos de estos síntomas son estreñimiento, somnolencia diurna, trastornos del sueño y depresión.

“Sin duda, es muy novedoso e importante encontrar esta relación entre una dieta y la posibilidad de tener estos síntomas, porque son la puerta de entrada para la enfermedad”, añade el médico.

El doctor Juri también destaca la gran cantidad de participantes del estudio. Para llevarlo a cabo, los científicos evaluaron a 47.679 personas, a las que les preguntaron sobre su dieta diaria cada cuatro años, a partir de 1980.

Mejor pronóstico

Además, en 2012, se les consultó si habían presentado alguna de las dos afecciones que son más comunes en los pacientes que luego son diagnosticados con párkinson: estreñimiento o un trastorno del sueño que implica agitarse o hacer movimientos mientras duermen.

Luego, los investigadores analizaron qué tanto habían seguido los participantes la dieta mediterránea alternativa, la cual es similar a la tradicional, pero incluye solo cereales y granos integrales y no considera lácteos. Ambas fomentan el consumo de frutas, verduras, legumbres y desaconsejan una alta ingesta de carnes rojas.

Finalmente, el estudio arrojó que quienes mantuvieron una mayor adherencia a este tipo de alimentación tenían 33% menos probabilidades de presentar tres o más de los síntomas que preceden al mal de párkinson.

Esto quiere decir que disminuía también su riesgo de sufrir esta enfermedad a futuro.

Los especialistas consultados creen que los hallazgos son una “fuerte evidencia” de que una buena dieta puede ser un factor de protección frente a esta patología.

Los mecanismos podrían ser varios. “Una alimentación saludable protege a las células neuronales en términos generales, es decir, les permite enfrentar mejor cualquier estrés del sistema”, explica Pedro Chana, neurólogo del centro de párkinson de Clínica Alemana.

Claudio Hetz, director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica (BNI), cree que la clave también podría en estar en ciertos componentes de la mayoría de los alimentos saludables.

“Tienen aceites esenciales y vitaminas que tendrían un papel en la protección de las neuronas frente a ciertos daños”, comenta Hetz.

“Por otro lado, comer esta dieta finalmente es dejar de consumir aceites supersaturados o químicos, moléculas que producen estrés oxidativo, lo cual se sabe que está totalmente relacionado a la enfermedad”, añade.

Los especialistas creen que el mensaje es claro: cuidar el envejecimiento a través de la dieta parece ser también una forma de proteger al cerebro, coinciden.

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El algoritmo de Facebook “ayudó” a que redes que difunden desinformación sanitaria lograran más visitas que las que comunican noticias reales sobre salud, según la plataforma ciudadana mundial Avaaz.

El informe, centrado en cinco países, asegura que los esfuerzos de Facebook por atajar la desinformación sanitaria “están siendo gravemente socavados por sus propios sistemas”. A pesar de las soluciones “de emergencia” implementadas por Facebook con la llegada de la pandemia, el contenido de las páginas que difunden desinformación en materia de salud llegó a 460 millones de visualizaciones estimadas el pasado abril. El contenido de las principales diez páginas que difunden ese tipo de información falsa logró "casi cuatro veces más” visualizaciones en Facebook que el equivalente de las principales diez páginas de instituciones sanitarias, entre ellas la OMS.

El informe destaca que solo el 16% de la desinformación sanitaria analizada tenía una etiqueta de advertencia de Facebook.

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Apenas supieron del desafío de la NASA de idear en 48 horas una solución a algún problema relacionado con la pandemia, los ingenieros Marcos Maldonado, Carolina Retamal, Nino Bozzi y Patricio Alarcón se pusieron de acuerdo para participar.

Se trataba de Space Apps Covid-19 Challenge, una hackatón virtual lanzada a fines de mayo pasado por la NASA junto con la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), la Agencia Espacial Canadiense (CSA) y el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES).

La instancia desafiaba a participantes de todo el mundo a utilizar datos públicos y de observación de la Tierra para entregar soluciones a cualquiera de los 12 retos propuestos. Estos iban desde encontrar formas innovadoras de presentar los factores ambientales que afectan la propagación del virus, hasta identificar los efectos colaterales de la enfermedad en lugares remotos como el espacio.

Pensando en uno de esos desafíos, que buscaba identificar patrones entre la actividad humana y los casos de covid-19 e identificar factores que podrían ayudar a predecir los puntos críticos de propagación de enfermedades, nació Panal.

La aplicación —pensada por los chilenos para el challenge y hoy en fase prototipo funcional— muestra la densidad de contagios en un lugar determinado y alerta al usuario el riesgo probable de infección en tiempo real.

“Formamos un equipo con amigos de Santiago, Valparaíso y Concepción y concursamos con una app que permite evaluar los riesgos de contraer coronavirus en función de las características demográficas y sociales”, dice Maldonado.

La información utilizada fue obtenida de sitios gubernamentales que actualizan diariamente los reportes sobre la pandemia y de bases de datos globales proporcionadas por las agencias espaciales durante la competencia. Así pudieron conocer, por ejemplo, la densidad de población y factores climáticos que pueden afectar el contagio, como la humedad relativa.

“La aplicación tiene su código completamente abierto al público, para que todos puedan tener la certeza de que sus datos no serán utilizados para otro propósito. Todo esto con el cuidado de no individualizar a los contagiados, ni crear discriminaciones, sino en pos de una información clara para que la gente no se exponga cuando hay altas posibilidades de infección o recaídas”, explica Bozzi.

El equipo se enteró que de entre los más de 15 mil participantes de 150 países, ellos habían ganado la categoría “Impacto”, que reconoce a “la solución con el mayor potencial de mejorar la vida en la Tierra y el universo”.

El premio es presentar la idea a la NASA y una invitación a presenciar en vivo el despegue de un cohete. “¡La felicidad ha sido a otro nivel!”, asegura Retamal. “Primero supimos que estábamos entre los 40 mejores proyectos y para mí ese ya era un logro gigantesco, así que cuando Marcos nos dijo que habíamos ganado, tuve que chequear tres veces la página, porque pensé que nos estaba haciendo una broma”.

Y añade que lo ideal sería materializar la herramienta para que las personas puedan usarla, pero que para lograrlo les “gustaría contar con el apoyo de los municipios y el Ministerio de Salud para mejorar el modelo y entregar información más precisa”.

Los otros desafíos y proyectos ganadores pueden verse en el sitio web https://covid19.spaceappschallenge.org/

De izquierda a derecha, Nino Bozzi, Carolina Retamal, Marcos Maldonado y Patricio Alarcón.

Marcos Maldonado

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Si tiene tos, nariz tapada o dolor de garganta, la miel puede ser la mejor medicina. No solo porque se trata de una sustancia barata, sino porque según expertos de la U. de Oxford, que analizaron 14 estudios, su efectividad es superior a la de otros remedios comunes. De hecho, dos estudios mostraron que quienes tomaban miel tenían uno o dos días menos de tos que quienes no recibían este tratamiento.

Además, agregan que puede ser una alternativa a los antibióticos que suelen prescribirse para las infecciones del tracto respiratorio superior, aunque no son efectivos.

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