Reelección

de autoridades

Señor Director:

Se despachó sin reelección y punto.

Ahora a respetar, como lo hacemos todos al promulgarse una ley, nos guste o no.

Les recuerdo a los legisladores que la mayoría de las veces no nos gustan.

Francisco Henríquez Rueda

Extraño cortejo

Señor Director:

El general Enrique Monrás en carta publicada ayer defiende el protocolo utilizado en funeral narco en medio de la pandemia que nos azota.

Su carta no deja de llamar la atención. Primero, habla de un “conocido narcotraficante”, y entonces nos preguntamos ¿cómo es posible que alguien así en su funeral tenga estos privilegios? Segundo, justifica el protocolo, y nos preguntamos ¿cómo es posible que mientras miles de chilenos debemos despedir a nuestros deudos en soledad, con funerales por Zoom, narcos pueden con total impunidad despedir a los suyos?

Cuando hablamos de desigualdades que indignan, no solamente estas tienen que ver con brechas de ingresos, sino también con capos impunes y ciudadanos honestos.

La pandemia y el estallido social han desnudado algo que venimos hace años denunciando, y es el avance sostenido del narcotráfico ante una sociedad que prefiere mirar para el lado y poner mal los incentivos. Hasta en la muerte somos desiguales. Los honestos en pandemia mueren solos, lo que entendemos y aceptamos con dolor. Lo que no podemos aceptar es que los narcos incluso en la muerte tengan un trato privilegiado y puedan ser despedidos con fuegos artificiales y ostentación de poder.

Lamentablemente Chile dejó de ser simplemente un pasadizo, y hoy podemos ver cómo el fenómeno narco se instala en la vida diaria de barrios y cómo los casos de contacto narcopolítica ya no son algo ajeno.

Si este hecho fue “en cumplimiento de las normas” y no se trata de algo “extraño” o “preocupante”, como indica el general Monrás en su carta, cabe preguntarse si existen límites para los narcotraficantes y si protocolos como este del Ministerio del Interior buscan el combate y disminución de la prevalencia del fenómeno o más bien aumentan la resignación y normalización ante este real poderoso enemigo.

Susana Sierra L.

Presidenta (s) Directorio

Alberto Precht R.

Director ejecutivo

Capítulo Chileno de Transparencia Internacional

Evaluación

online modelo

Señor Director:

Hace unas semanas se publicó mi carta “Sospechas en las pruebas online”, a partir de la cual me llegaron múltiples comentarios y críticas.

Hoy, para hacerme cargo de dichos comentarios, quiero relatar que hace unos días tuve una evaluación de carácter práctico donde el profesor, si bien hizo énfasis en que fuéramos honestos con nuestras respuestas, sí accedió a que pudiéramos comentar entre compañeros los casos, entendiendo que las pruebas también son un momento para aprender. A diferencia de lo que muchos quieren creer, ha sido la más difícil que he hecho en este semestre, pero, a su vez, la materia que mejor he aprendido al momento.

Tomás Contreras Ubilla

Carlos Peña

y los matinales

Señor Director:

Carlos Peña ha optado por responder con una columna, curiosamente inserta en la sección Cartas, a mis comentarios a sus reiteradas críticas a la TV y los matinales.

Reitera en ella varios argumentos expuestos en su columna del 19 de abril, y agrega el riesgo de hacernos cómplices de nuestros invitados. Lamentablemente mantiene el uso de frases y situaciones aisladas para sustentar sus ideas, además de caer en calificaciones equivocadas e innecesarias.

Nuestra programación debe ser analizada más globalmente; en nuestro tren programático diario hay programas como Bienvenidos, varios noticieros, reportajes, programas de opinión, y, también programas misceláneos y de entretención pura. La gama es amplia y cada segmento cumple un objetivo dentro del global, bajo una línea editorial bien definida. En la singularidad actual es innegable que transmitir en terreno y en vivo involucra riesgos y nos expone a veces a situaciones inesperadas, y sí, en ocasiones cometemos errores, pero de ahí a proyectar esos momentos a una intención o estratagema hay un largo trecho.

Hacemos un esfuerzo constante por lograr el balance entre visibilizar ciertas condiciones de vida de una parte de nuestros ciudadanos y mostrar situaciones incómodas o que afecten la dignidad de esas personas. Para muchos, esas realidades eran lejanas referencias, creemos que ha sido positivo hacerlas más concretas.

Como todos en estos días, estamos en proceso de revisar y proyectar cómo será nuestro quehacer en los nuevos tiempos venideros. Acogemos todas las opiniones y aportes, incluyendo las partes constructivas de las opiniones de Peña.

En fin, no me imagino al rector inhabilitándose de participar en los debates en torno a la calidad de la educación universitaria, vigencia de los contenidos y carreras, o gratuidad y financiamiento de sus instituciones, todos temas que afectan a su empleador UDP.

Jorge Salvatierra Pacheco

Presidente del Directorio Canal 13

Trauma

en pandemia

Señor Director:

La definición de trauma emocional es una vivencia en que uno siente amenazada su vida, integridad física o psíquica, o la de un ser querido. Bajo esa definición, la pandemia actual corresponde a un evento traumático para toda la sociedad, incluso para el mundo entero. No sabemos qué consecuencias exactas tendrá en nuestra salud mental, pero sí sabemos que las situaciones traumáticas pueden activar mecanismos de defensa psicológicos de disociación o negación, en que no elaboramos la realidad que estamos viviendo, y pueden alterar nuestras capacidades cognitivas, impactando en nuestro desempeño y aprendizaje.

Es importante considerar esto, en especial cuando se trata de nuestros niños, a quienes les estamos pidiendo que rindan y aprendan cosas nuevas, por sí solos, durante una situación traumática. Quisiera que pongamos la prioridad en atender a la salud mental de nuestros niños, porque un impacto negativo sobre esta sería aún más lamentable que un impacto negativo sobre la educación.

Dra. Viviana Herskovic Maida

Jefe Departamento Psiquiatría Infantil y del Adolescente

Clínica Las Condes

Pesimismo constitucional

Señor Director:

Si la presidenta del Senado, como segunda autoridad política del país, declara su abierta displicencia sobre el respeto a la Constitución, que por lo demás juró o prometió guardar, qué podemos esperar los chilenos de los actores políticos en la elaboración de un nuevo texto constitucional. Me temo que la respuesta es pesimismo.

Francisco Orrego B.

“La falla”

Señor Director:

En columna recientemente publicada en este diario, argumenté que el Gobierno estaba fracasando en la tarea de persuadir a la ciudadanía a adherir a las normas sanitarias para combatir la actual pandemia. Señalé que, a mi juicio, factores de orden cultural no explicaban enteramente la transgresión sistemática a las recomendaciones provenientes del Ministerio de Salud; y que la persuasión por la vía de estrategias comunicacionales creativas e innovadoras, como lo hizo Vietnam, entre otros países, era fundamental para cambiar las decisiones de las personas respecto de su propio cuidado y el de otros.

En carta a este diario, el Dr. Héctor Ducci dice estar en desacuerdo conmigo, a pesar de que no lo estamos tanto, pues, en lo grueso, nuestras visiones son más bien complementarias que contrapuestas. Según él, los chilenos están informados hasta la “majadería” del número de muertos, contagios, respiradores, camas críticas, entre otras estadísticas, que se les ha “implorado” cumplir con las cuarentenas y que a través de campañas en los medios de comunicación se les ha dicho “quédense en sus casas”.

Concuerdo con el Dr. Ducci. Pero, según él, esto debiera ser suficiente para modificar la conducta de la gente. El problema es que la majadería a la cual alude, los ruegos y el “quédense en sus casas” han sido ineficaces. Esto no debiera sorprender, pues los hallazgos de investigaciones en materia de impacto de campañas de salud han mostrado una y otra vez que la entrega de información terrorífica y las instrucciones perentorias no necesariamente desencadenan conductas prosociales. Para qué hablar de las imploraciones.

En su carta, el Dr. Ducci concluye que salir de la crisis sanitaria es una responsabilidad que recae en cada uno de nosotros. No podría estar más de acuerdo. Pero esta responsabilidad no ha sido asumida por una parte de la población. Por eso planteo que el Gobierno, haciendo su parte y sustentándose en el acopio de conocimiento que hay en materia de campañas de salud, tiene un amplio espacio para mejorar su gestión si se trata de convencer a la gente de que haga lo correcto. Al menos valdría la pena intentarlo.

Pablo Halpern

Director Centro de Reputación Corporativa

ESE Business School, U. de los Andes

Año escolar

Señor Director:

Ante los dichos de algunas autoridades de “abortar” el año escolar a siete meses de su fin, solo decir que aquello es “despreciar” el duro trabajo que han hecho nuestros docentes desde sus casas en este período. Las escuelas, con todos sus límites, han seguido enseñando.

Francisco J. Rodríguez Ledezma

Gerente Corporación Educacional San José

Impuesto

al patrimonio

Señor Director:

Algunos parlamentarios y “personalidades” le han pedido al Presidente la aplicación de un impuesto al patrimonio de 2,5% a los ciudadanos que tienen un patrimonio de más de 10 millones de dólares. Actualmente obtener rentabilidades de UF+2,5% en inversiones financieras, e incluso en arriendos de propiedades, es casi imposible. Aplicar un impuesto como este significaría para la gran mayoría de esos sujetos pasivos del impuesto no solo quedarse sin utilidades, sino también una disminución de su patrimonio.

De lo que al parecer no se han dado cuenta estos iluminados es que cualquier persona que tiene un patrimonio de ese monto vive en Chile por opción y no por necesidad u obligación, y la eventualidad de no tener utilidades y de disminuir su patrimonio, con seguridad motivará su cambio de domicilio tributario y la consecuente inversión de ese patrimonio fuera de Chile.

Actualmente se aplican impuestos al patrimonio con otro nombre. A modo de ejemplo se pueden enumerar las patentes comerciales, con una tasa de 0,35 al 0,5% del capital de las empresas; el impuesto territorial, que se aplica según el valor del inmueble; el permiso de circulación, que se calcula según el valor del vehículo, etcétera, todos ellos impuestos que no pueden deducirse como gasto para el cálculo del impuesto a la renta. Aplicar además un impuesto patrimonial por sobre todo aquello sería injusto y desproporcionado y solo traerá consecuencias negativas.

Una de las principales virtudes que hasta ahora ha tenido Chile es que la gente de altos patrimonios mantiene e invierte sus recursos en el país, con todo lo positivo que eso ha conllevado por mucho tiempo. Por favor no hagamos que esto termine, convirtiéndonos en otro ejemplo sudamericano donde la gente emigra o mantiene gran parte de su patrimonio fuera del país.

Fernando Marín E.

Abogado

Tarifa de invierno

Señor Director:

El Gobierno suspendió la aplicación de los recargos por consumos de electricidad en horario de punta para los meses de abril y mayo, para así ayudar a los consumidores en esta crisis.

Esto significa que a partir del 1 de junio empieza a regir la tarifa de invierno para los consumidores residenciales. Dicha tarifa fue establecida para regular el peak de consumo que se produce en los meses de invierno cuando los consumos de la actividad industrial, los de la actividad comercial y el consumo en los hogares coinciden, forzando al sistema eléctrico a realizar costosas inversiones que se usan muy poco durante el resto del año. Esto es, se pretende que el que causa el peak debe pagar por las inversiones necesarias para que el sistema no colapse.

Producto de la pandemia por el coronavirus el comercio, restaurantes, servicios, oficinas y una buena parte de la actividad industrial han dejado de funcionar. Por lo tanto, el peak del sistema eléctrico en las áreas sujetas a cuarentena seguramente disminuirá.

Por otra parte, los consumidores residenciales han debido permanecer confinados en sus hogares y sus consumos aumentarán forzosamente; pero, dada su baja importancia relativa en la demanda global, no harán que el peak supere al del año anterior y, producto de la aplicación de la tarifa de invierno, pagarán un sobreprecio que no tiene justificación económica.

En consecuencia, la tarifa de invierno no se debe aplicar mientras dure la emergencia.

Marcos Zylberberg Klos

Cultura del desgaste

Señor Director:

Días atrás se referían al tema de lo ya insoportable que resulta tratar de comunicarse con multitiendas o grandes empresas vía internet o teléfono, a pesar de que dentro de su publicidad también repiten el “quédate en casa”. Lo anterior es especialmente más enervante cuando uno trata de eliminar un servicio, reclamar un cobro y en general cualquier trámite que no sea contratar con ellos, para lo cual, obviamente, están siempre dispuestos o con varios canales abiertos.

¿No habrá algún organismo que ponga término a esto, que controle e imponga multas severas?

Gonzalo Aguirre A.

cartasaldirector@mercurio.cl

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Santiago Baraona G.

Director del Colegio Tabancura

Hace pocos días circulaba en las redes sociales un mensaje grabado por el profesor Nuccio Ordine, de la Universidad de Calabria, en el que quiere dar una voz de alarma: “Me inspiran terror los elogios que están propagando estas semanas los cantores de lo virtual, de la enseñanza telemática”. ¿Por qué le inspiran terror? Porque consideran la pandemia del coronavirus como una oportunidad para dar el tan esperado salto adelante y que, gracias al virus, ya no podremos volver a la educación tradicional.

No hay mal que por bien no venga, podrían pensar algunos… Efectivamente, hay un bien en la aceleración del proceso de incorporación de tecnologías educativas por parte de los centros escolares, en general, con notable esfuerzo de los profesores. Sin embargo, el costo que se ha pagado por ahora es alto: la ausencia del encuentro personal que supone todo proceso educativo.

Otro profesor de larga experiencia en aula escribía hace un par de semanas que, si bien tenía muy presente a sus alumnos al verlos a través de una pantalla, no podía dejar de pensar que la imagen (virtual) de alguien (por bueno que sea el servicio de internet) es primeramente la marca de una ausencia y la ausencia se siente más porque siempre es una especie de herida. Ninguna máquina, computador, robot o cíborg, podrá reemplazar jamás el núcleo más profundo de la enseñanza: la relación profesor-alumno, la transmisión de un saber que difícilmente puede ser envasado en una cápsula o ser transmitido a través del ciberespacio en lenguaje binario, porque todo saber auténtico siempre es algo existencial, vital.

En el ámbito educativo escolar, ¿qué nos está dejando en definitiva la pandemia? En estas semanas de educación a distancia, hay a mi juicio algunas conclusiones que se empiezan a hacer cada día más nítidas y que nos pueden ayudar a no olvidarnos de lo esencial de todo proyecto educativo.

Lo primero es la constatación de que el rol de los padres es fundamental e irreemplazable. Parece obvio, pero sin ellos todo el sistema a distancia serviría de poco o nada. Pero esto es verdad no solo para este momento, sino también para tiempos normales. La familia debería ser siempre la primera transmisora de la cultura, el primer lugar para una buena socialización y la piedra angular en la formación de la responsabilidad y los hábitos de trabajo.

El coronavirus también ha puesto a prueba la cohesión de las comunidades educativas. O mejor dicho, si efectivamente son o no comunidades educativas. Cohesión que se demuestra en el espíritu de colaboración colegio-hogar, que debe huir de una mentalidad exclusivamente mercantil o de “cliente-servicio”, sabiendo ambas partes que es una circunstancia difícil, tanto para los papás y alumnos como para los profesores (que en su mayoría también son papás o mamás y tienen hijos “alumnos”).

Particular importancia tiene también la unidad del cuerpo docente, que podrá cumplir con el objetivo de que sus alumnos “aprendan” en la medida en que cada uno de los profesores no trabaje solo y aislado, sino que se sienta parte de un conjunto.

Si antes de la pandemia en un colegio no había una arraigada cultura de trabajo en equipo, si no sabían “jugar de memoria”, ahora, con la modalidad de teletrabajo, ciertamente será más difícil la coordinación y la colaboración y esto se traduce en una dificultad grande para hacer buenas clases online, ya que demandan mucho más esfuerzo en su preparación que una “normal”; y no digamos nada de la evaluación formativa, que es tan valiosa para obtener información sobre el avance de los alumnos como demandante de tiempo.

¿Y qué deja respecto de los alumnos? Por un lado, la necesidad de la responsabilidad que cada estudiante tiene sobre su propio aprendizaje, y por otro, que aunque la enseñanza sea colectiva, el aprendizaje es siempre personal (no aprende un curso, aprende cada alumno). Este punto hace crisis en las actuales circunstancias si la enseñanza del profesor iba dirigida a la “bandada”, al grupo y no al alumno en singular. La escuela es un medio colectivo de educación, pero orientado a cada persona en particular.

El azote de la pandemia está exigiendo al máximo a muchas instituciones estatales y de la sociedad civil. En el caso de la educación primaria y secundaria nos está mostrando, entre otras cosas, los proyectos educativos de cada colegio al desnudo: si eran un pedazo de papel, o bien, una realidad viva y compartida por todos. Que efectivamente sean esto último es el gran salto adelante que esperamos como fruto de estos tiempos difíciles.

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El 11 de junio de 1990, un ingeniero agrónomo que hacía tres meses no figuraba en las encuestas aventajaba al afamado novelista Mario Vargas Llosa en la carrera presidencial peruana, según las primeras proyecciones de los resultados.

“El Mercurio” informaba que aunque los cómputos oficiales de los comicios serían entregados en diez días más, los distintos sondeos efectuados a la salida de los locales de votación coincidieron en señalar que Alberto Fujimori tuvo una clara ventaja sobre su oponente.

Desde el balcón del Hotel Crillón en Lima, el candidato de Cambio 90 proclamó un discurso en el que resaltó el carácter independiente de su movimiento y la voluntad de su futuro gobierno de lograr acuerdos con todos los sectores políticos.

Por su parte, Vargas Llosa reconocía su derrota en esa segunda vuelta y llamaba a los peruanos a “cicatrizar las heridas” que había dejado la polémica campaña (que suscitó desagradables discusiones por cuestiones de raza, religión y ética).

A juicio de los analistas, el hijo de inmigrantes japoneses de 51 años, en su primera postulación a un cargo público, “triunfó gracias a que supo capitalizar el malestar con los políticos tradicionales del Perú, bajo cuyo gobierno se ha producido una de las peores declinaciones de un país latinoamericano”. Aunque su contendor también era un novato en las aguas políticas peruanas, “la alianza de Vargas Llosa con partidos tradicionales en una coalición de centroderecha desempeñó un papel esencial en su vertiginosa caída de favorito a perdedor”.

En efecto, Fujimori lo atacó reiteradamente calificándolo de instrumento de los ricos, que “profesan ideas conservadoras y se han olvidado de las necesidades de los pobres”. Asimismo, usó un lenguaje más simple que el candidato escritor y no dudó en ponerse gorros y ponchos típicos de los campesinos indígenas mientras hablaba montado en un tractor en poblaciones limeñas o en remotas aldeas andinas.

Se leía que entre los muchos problemas que esperaban al sucesor de Alan García destacaba la inflación superior al 2 mil por ciento anual, una caída de un 22 por ciento del PIB durante los dos últimos años y la deuda externa de 17 mil millones de dólares.

“Fujimori también deberá enfrentar a Sendero Luminoso, movimiento guerrillero fanático, cuya insurgencia maoísta ha cobrado más de 18 mil vidas en diez años ”, concluía la noticia.

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